Los libros en la maleta

Parece increíble que en pleno siglo XXI se invente un nuevo formato de libro. Más increíble aún es que se trate de un nuevo formato de libro físico. Y todavía más asombroso es que alguien haya inventado y patentado un nuevo formato de libro físico para imprimir la Biblia.

Pero justamente eso fue lo que pasó en 2009, cuando la editorial neerlandesa Royal Jongbloed inventó los dwarsligger, libros cuya novedad consiste en imprimir el texto de forma paralela al lomo en tomos que miden, generalmente, 8 x 12 cm. Esto obliga a utilizar un tipo de papel muy fino, llamado papel biblia, y a cuidar mucho la encuadernación para que el libro no se deshaga, pero también hace que el libro sea ideal para llevar a todas partes, porque cabe en cualquier bolsa o bolsillo de pantalón o chamarra; además, como clama la propia Royal Jongbloed, estos libros se pueden leer con una mano.

El concepto ha sido exportado a países como España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. En 2010, Ediciones B publicó sus “Librinos” con este formato e incluyó títulos como Entrevista con el vampiro de Anne Rice, El psicoanalista de John Katzenbach y El círculo mágico de Katherine Neville.

Más recientemente, en 2018, Penguin publicó un set de libros de John Green con este formato, que incluye The Fault in Our Stars, Paper Towns, An Abundance of Katherines[1] y Looking for Alaska. Y en 2019 lanzaron The Puffin in Bloom, una colección de tres dwarsligger que incluyen los clásicos Heidi de Johanna Spyri, Anne of Green Gables de Lucy Maud Montgomeryy A Little Princess de Frances Hodgson Burnett.

En la Feria del Libro de Frankfurt, durante la presentación de los dwarsligger, uno de los editores rememoró las palabras de Neil Armstrong, “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Comparto su emoción: por supuesto que un nuevo formato de libro físico es un evento retador tanto para editores como para lectores; sobre todo si se trata de un diseño que imita el scroll que hacemos cuando leemos tuits o un documento en PDF. Sin embargo, todo libro tiene un lector ideal y, en ese caso, ¿cuáles son los lectores ideales de los dwarsligger?

Para responder esa pregunta, hay que tomar en cuenta que estos libros (en especial los editados por Penguin) se pueden encontrar en Wal-Mart, Target o en tiendas de diseño y decoración. Su formato, como ya dijimos, permite que se lleven a todas partes, en el bolso o en la maleta de mano. Naturalmente, los textos más adecuados para editarse así son los libros de viajes, como la Guía de la Tierra Santa de la editorial Verbo Divino, que une dos géneros: el bíblico y el propio del turismo. Imagino al lector ideal en el aeropuerto, rumbo a Tierra Santa, curioseando en las librerías y comprando esa guía. Luego, este viajero llegará al Monte Sinaí o al Río Jordán con su guía en el bolsillo del pantalón, que sacará después, en algún café cercano, para leer… ¿un salmo? ¿O curiosidades sobre el lugar que visita? Los dwarsligger pueden cubrir ambas necesidades.

Pero el viajero religioso también comparte el gusto por los dwarsligger con el adolescente apasionado, en especial si este es fanático de John Green. No obstante, el que este joven sea fan del autor de Bajo la misma estrella implica que ya ha leído sus libros y que, incluso, ya los tiene. ¿Para qué querría las mismas ediciones en un formato de 8 x 12 cm?

“La gente joven todavía está aprendiendo cómo le gusta leer”, dice Green. “[El dwarsligger] está más cerca de la experiencia con un celular que los libros normales, pero es mucho más cercano a un libro que a un celular. El problema de leer en un teléfono móvil es que este también hace muchas otras cosas”.[2]

Es verdad: aunque el formato imita el scroll que hacemos en una pantalla, esta experiencia no está emparentada con leer un PDF, por ejemplo: al fin y al cabo, seguimos leyendo en un soporte constituido por papel y cartulina. No parece que la razón por la cual los jóvenes eligen los flipbooks (el término en inglés para dwarsligger) sea el que estos se asemejen a la experiencia de leer e-books.

Creo que los lectores de John Green vuelven a comprar (no sé si releen) Looking for Alaska en flipbook justamente porque es un libro que ya conocen y que ya les gusta. Por eso mismo, quieren volver a tener esos libros, que atesoran y guardan en un lugar especial en su corazón (es bien conocida la enorme cantidad de lectores y fans que posee John Green, sobre todo en booktube). Como buenos fans, querrán tener toda la parafernalia, todos los libros y todos los objetos alusivos a su autor favorito.

Ahí radica, también, la decisión editorial de Julie Strauss-Gabel, presidenta y editora de Dutton Books for Young Readers (parte de Penguin Random House): les ofrece a los jóvenes lectores algo conocido y amado en un formato nuevo para que la experiencia no resulte demasiado atemorizante. Y también, hay que decirlo, para asegurar las ventas.[3]

Las guías de viaje y los bestsellers son, digamos, los géneros “naturales” para editarse en formato dwarsligger, aunque también podemos encontrar clásicos, como los de la colección The Puffin in Bloom o Emma de Jane Austen, publicada por Hodder & Stoughton en el Reino Unido. ¿Por qué se eligen clásicos y por qué, precisamente, esos? Creo que la razón es muy similar a la que llevó a Strauss-Gabel a publicar así los libros de John Green: porque el público ya los conoce, de alguna u otra manera. De los tres clásicos que conforman la colección The Puffin in Bloom, quizá Heidi sea el más conocido a nivel mundial, gracias al manga japonés; los otros dos tomos, Anne of Green Gables y A Little Princess quizá son más conocidos en el mundo anglosajón, pero no descarto que cada vez más lectores se acerquen a ellos debido a la serie de Netflix Anne with an E, basada en la obra de Lucy Maud Montgomery, y a la película de 1995 llamada también A Little Princess.

Además de ser clásicos “poco intimidantes”, por llamarlos de algún modo, pues no son tan complejos como la obra de Shakespeare o de Proust, son populares: la gente ya los tiene y quizá, con un poco de suerte, ya los ha leído. A veces, los clásicos se vuelven tan entrañables que el lector quisiera llevarlos en el bolsillo por siempre, a través de fronteras geográficas y temporales, para formar con ellos una biblioteca personal e íntima que, sin duda, salvaría del fuego. Yo, a veces, me encuentro con libros que se vuelven fundamentales en mi vida, tanto, que siento que me los quiero tatuar. Ese mismo sentimiento de apego es el que me provocan los dwarsligger.

En cuanto a los dwarsligger en México, encontré que Ediciones B evaluó la posibilidad de traer sus Librinos a nuestro país en 2010, cuando publicaron sus primeros ejemplares. Desgraciadamente, los Librinos fracasaron en España debido, sobre todo, a los precios: mientras los libros de bolsillo cuestan entre 7 y 8 euros, los Librinos rondan los 10. ¿Correrían la misma suerte en México? ¿Vale la pena lanzar un nuevo formato de libro en un país con un nivel de lectura bajísimo? Si pensamos racionalmente, podríamos contestar que lo más sensato sería no publicar dwarsligger en México si queremos evitar un fracaso de ventas. Ni hablar de publicarlos durante esta pandemia, que tiene a muchas editoriales independientes al borde de la supervivencia. Sin embargo, luego pienso en la gente que tiene que recorrer distancias largas en metro o metrobús (haya pandemia o no) y que lee un libro en el trayecto. ¿No serían los dwarsligger una buena opción para esos casos? Quizá estoy soñando con un mundo ideal de lectores, pero creo que tenemos derecho a que las editoriales nos ofrezcan opciones que llamen la atención de la gente y la vayan convirtiendo, poco a poco, en lectora. Cómo hacer que las personas, sean niños, jóvenes o adultos, elijan leer entre todas las opciones que tienen para pasar su tiempo libre es la gran tarea pendiente de la promoción de la lectura y de otros agentes implicados en el proceso lector, desde la familia hasta la escuela.


[1] Los editores comentan que fue especialmente difícil adaptar An Abundance of Katherines a este formato, porque el texto incluye notas a pie de página y ecuaciones.

[2] La traducción es mía.

[3] En 2018, Penguin imprimió un tiraje de 500,000 copias de las obras de Green en flipbook. Desgraciadamente, no encontré cuántos ejemplares se han vendido desde entonces.

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