Un cuaderno de vacaciones para los días inútiles

Grassa Toro e Isidro Ferrer escriben un libro para todos los Tubarrio y Misombrero.

Se me ocurre que podemos transitar por Cuaderno de vacaciones como quien camina por el “Poema visual transitable en tres tiempos: nacimiento, camino (con pausas y entonaciones) y destrucción” del artista visual barcelonés Joan Brossa.

“Poema visual…” de Joan Brossa. Foto de la revista Escáner Cultural

Lo que me gusta de ese monumento, construido en 1984 y ubicado en los jardines de Maria Cañardo, en Barcelona, es precisamente que al transitarlo, uno también construye (o más bien, termina de construir) el significado. El “Poema visual” de Brossa comienza con una gran letra A, continúa con un camino lleno de paréntesis, comillas y signos de interrogación (de ahí las pausas y entonaciones) y luego finaliza con otra letra A derrumbada y rota. Así, siento que cada quien va caminando por el “Poema visual” y lo completa con su lectura echando mano de lo que tiene allí: una letra A, varios signos ortográficos…

De la misma manera, Cuaderno de vacaciones, escrito por Carlos Tubarrio (¡perdón! Es Carlos Grassa Toro) e ilustrado por Isidro Misombrero (¡perdón de nuevo! Su nombre es Isidro Ferrer) es un libro inacabado, una “obra abierta”, como diría Umberto Eco. Sí, es verdad que todos los libros están, de cierta forma, inacabados, porque esperan la participación del lector, quien completa el sentido; pero, en este caso, hay espacios vacíos más grandes, más profundos.

Cuaderno de vacaciones. Imagen obtenida de grassatoro.com

A primera vista, pareciera que Cuaderno de vacaciones es un libro de actividades no “para hacer durante las vacaciones”, sino que contiene juegos de pensamiento para hacerlos “cuando quieras que sea vacaciones”, como escribe Grassa Toro al principio, a manera de presentación del libro. No obstante, cada texto y cada ilustración es una historia en sí misma. Y, si leemos este libro con esa perspectiva, podemos preguntarnos, por ejemplo, qué pasó antes o después de dichas escenas.

Todo esto de la construcción del sentido, de imaginar las “soluciones” de cada una de las propuestas de Grassa Toro y Ferrer (por ejemplo, encontrar las setecientas diferencias entre dos rebanadas de pan o vestir al genio de la lámpara según la estación del año más adecuada) me recuerdan a las cajitas de Wonder Ponder de las que hablamos hace unas semanas, en el sentido de que el lector puede volverse un detective de la realidad. Claro, al principio eso de ser un detective de la realidad parece una bobada, porque la realidad está siempre ahí, circundándonos y arropándonos inevitablemente. Pero, justamente, los juegos más serios son los que parecen bobadas y, de pronto, quizá es posible dar un par de pasos atrás, desencajarla y observarla detalladamente, rellenando los espacios en blanco.

Un juego en el Cuaderno de vacaciones. Grassa Toro y Ferrer, 2014

En Cuaderno de vacaciones el texto proporciona pautas para la interpretación. Es como cuando vemos un cuadro abstracto (o de cualquier corriente artística) y leemos el nombre de la obra en la cédula informativa: inevitablemente nuestra percepción e interpretación cambia. Por ejemplo, en la ilustración de las herramientas se asume que éstas son una familia, ya que el texto pregunta quién es la madre, el hijo que estudia 5° y el abuelo, pero, realmente, las herramientas podrían representar cualquier cosa: los habitantes de una ciudad, los vecinos de un edificio o los miembros de un equipo de reparación. Imaginar, entonces, es parte del juego y el juego, en este caso, es poner lo que no está, lo que falta.

Las herramientas. Grassa Toro y Ferrer, 2014

No obstante, como a mí me gusta poner todo de cabeza, ahora me cuestiono qué clase de libro es realmente Cuaderno de vacaciones. ¿Es un libro de juegos o un juguete? ¿Podría equipararse a esas otras propuestas editoriales que se venden en formato de libro pero que, en realidad, son juguetes o sí es un libro serio que puede usarse, por ejemplo, en el aula?

Además de poner las cosas de cabeza, me gusta transitar por los libros y por la escritura como dando un paseo, es decir, sin rumbo fijo, sin orden y también sin pensar en el destino final. Prefiero ir tomando cosas de aquí y de allá y así, ir armando mi propio camino. Por eso, mientras revisaba las notas que había tomado para escribir esta entrada, me topé con un nombre: Chema Madoz. Quién sabe cómo lo descubrí, pero ahora que estaba buscando inspiración para seguir escribiendo, busqué ese nombre en internet y encontré algunas fotografías muy bonitas.

Fotografías de Chema Madoz obtenidas de efti.es y de rtve.es, respectivamente

Ahora es claro por qué relacioné al fotógrafo español Chema Madoz con Cuaderno de vacaciones. Ambas obras nos enseñan a volver a mirar. Con Chema Madoz, un par de clips puede ser una escalera mecánica, y una nube, un árbol. En Cuaderno de vacaciones, unas piedritas de río con caritas pintadas son actores, pero no cualquier tipo de actores, pues los hay que hacen reír, llorar o pensar. Y de ahí surge la relación entre la obra de Grassa Toro y Ferrer y la de Wonder Ponder: ambas propuestas convierten cualquier día aburrido en un día de vacaciones. ¿Cómo es un día de vacaciones? Para mí, es un día en el que puedo hacer todas las cosas que me gustan, que son muy pocas, sólo leer y escribir; sin embargo, si en la semana sé que al menos tengo un día de vacaciones, entonces siento que ése no fue un día perdido.

Para preguntar en la librería:

Cuaderno de vacaciones

Grassa Toro (texto) & Isidro Ferrer (ilustraciones)

Medellín, Tragaluz, 2014.

¿Qué es una pregunta? Wonder Ponder, cajas para descubrir

Wonderponderear es jugar a poner todo de cabeza. Quizá por eso siento miedo y fascinación cada vez que abro una caja.

Cuando leo las preguntas de Wonder Ponder no puedo evitar que surja una respuesta rápida y fácil en mi cabeza. Por ejemplo, ante la pregunta “¿puede un mono ser moderno?” pensé “¡Claro que no! ¿Qué pregunta es ésa?”, pero luego me detuve, volví sobre mis pasos y me pregunté “¿Pero qué significa ser moderno? Tiene que ver con la idea, la noción del tiempo: antiguo vs moderno. ¿Tiene un mono noción del tiempo? Si es así, ¿cómo es? ¿Qué animales tienen esta noción? ¿Qué implica tener noción del tiempo?” Y es que las preguntas de Wonder Ponder me arrastran a cuestionarme otras cosas, como si estuviera en una corriente, en mar abierto, sin salvavidas; pero, a fin de cuentas, de eso se trata wonderponderear.

Wonderponderear es jugar a preguntar y preguntarse. Ellen Duthie, la creadora del proyecto, propone iniciar el juego diciendo “oye, ¿y si pensamos un rato?” De hecho, el mismo diseño de Wonder Ponder parece un juego de mesa: dentro de una cajita hay tarjetas sueltas que muestran escenas ilustradas por Daniela Martagón relacionadas con la crueldad (Mundo cruel), la identidad (Yo, persona, un claro guiño a Yo, robot), la realidad y los sueños (¡Pellízcame!) y la libertad (Lo que tú quieras). Al reverso de cada tarjeta encontramos preguntas acerca de lo que vemos en la escena, pero también de lo que está “más allá”, de lo que no necesariamente vemos en la ilustración y que, sin embargo, puede ser un paralelismo importante sobre el que vale la pena reflexionar. Adicionalmente, en la cajita hay tarjetas en blanco para crear una escena y varias preguntas en torno a ella, y un póster que me parece fascinante, al menos el que se incluye en Mundo cruel, porque parece “El jardín de las delicias” de El Bosco.

Contenido de la caja de Wonder Ponder y póster, Duthie y Martagón, 2017

Pues bien, ya que tenía la caja de Mundo cruel a la mano, decidí wonderponderear un rato. Saqué las tarjetas y me puse a mirarlas al azar, aunque me detuve en las que más llamaron mi atención; por ejemplo, en la que muestra a unas ratas científicas haciendo experimentos con niños pequeños en un laboratorio. Este cambio de enfoque, esta “puesta al revés” del mundo como lo conocemos es muy característico de Wonder Ponder. En este caso, me hizo pensar que, al parecer, vivimos muy cómodamente sabiendo que los científicos humanos experimentan con ratas u otros animales “en nombre del avance científico”, incluso consumimos productos de empresas que realizan este tipo de pruebas o experimentos; sin embargo, si esto se pone al revés y son los animales quienes experimentan con humanos, puede parecernos que la misma situación es insoportablemente cruel. Ahora pienso que probablemente nuestra percepción de la crueldad cambiaría si la ilustración mostrara a unos científicos experimentando con perros o gatos.

Anverso y reverso de una carta para wonderponderear, Duthie y Martagón, 2017

¿Dónde está el límite de la crueldad? ¿Hay forma de ser más o menos cruel?, ¿cómo saberlo?, ¿quién pone los límites? ¿Uno mismo? Son preguntas que aparecieron en mi mente cuando vi (y leí y traté de analizar) la ilustración “¡En cuanto dejes de patalear podrás salir!” Automáticamente, como adultos, podemos pensar que no es cruel que un padre bañe a su hijo porque “es por el bien del niño”, pero al darle la vuelta a la tarjeta (y al pensamiento también, hay que decirlo), leemos la pregunta “¿Es cruel obligar a alguien a hacer algo que no quiere hacer?”; ello nos obliga a pensar más allá de lo que vemos en la ilustración. Que un padre obligue a su hijo a bañarse puede parecer inocente, pero ¿qué tal si fuera otra situación, incluso más sutil, pero donde hubiera el mismo juego de poder entre una persona con “autoridad” y otra “indefensa”?

Anverso y reverso de una carta para wonderponderear, Duthie y Martagón, 2017

Después de haber wonderpondereado, descubrí que las preguntas del juego se pueden expandir hacia otros ámbitos. En Mundo cruel no sólo se aborda la crueldad, sino que hay preguntas sobre “la dignidad, el miedo, la responsabilidad y la indiferencia” (Thomas Linden, s.f.); es decir, aunque parezcan inocentes, estas preguntas en realidad tienen muchas aristas y hacen que pensemos en una amplia variedad de temas, incluso permiten cuestionar las convenciones sociales.

Mientras me preparaba para escribir esta entrada, consulté la página web de Wonder Ponder en busca de algo que me diera luz sobre este proyecto tan fascinante. Para esto, fueron de mucha utilidad los textos del blog y las entrevistas a Ellen Duthie, quien afirma que “la filosofía ‘entrena’ para estar en el mundo de una forma activa, indagadora y responsable” (Ellen Duthie, entrevistada por Dani Gutfreund, 2018). Su proyecto, además de contribuir a ese proceso, abre preguntas que pueden ser discutidas entre niños y adultos. Muchas de estas preguntas, dice Duthie, son dudas legítimas que los niños tienen sobre el mundo y, al establecer el diálogo, éstos se sienten escuchados como auténticos interlocutores que son tomados en serio.

De hecho, Ellen Duthie afirma que desde que nació el proyecto siempre se partió de la observación de los niños y su relación con la filosofía para realizar preguntas e ilustraciones que se pudieran usar en el aula, por ejemplo, y que invitaran a la reflexión. ¡Eso es algo que me entusiasma muchísimo! Significa que en Wonder Ponder se trabaja sin una perspectiva autoritaria o preceptiva y, en cambio, las autoras y editoras se ponen de parte de su público. Además, lo conocen empíricamente, no construyen un lector ideal abstracto y tampoco lo conducen al camino del bien moral con el wonderpondereo, sino que simplemente lo invitan a detenerse y a mirar, por unos instantes, sus pensamientos.

Después de haber wonderpondereado con la cajita de Mundo cruel se me ocurrió mi propia escena de la crueldad. No la dibujé porque no tengo esas dotes artísticas, pero trataré de describirla lo mejor que pueda:

Gracias a las preguntas de Mundo cruel, que se me quedaron pegadas en la mente por varios días, me acordé del caso del youtuber que le dio galletas rellenas de pasta dental a un indigente y grabó la escena para subirla a sus redes sociales “para jugar”, “sólo por fama” y para “ganar vistas”, como declararía él mismo algún tiempo después. Lo que más resuena en mi mente es el hecho de que todos los espectadores de ese video hayan sido testigos de la crueldad. ¿Los hace eso copartícipes? Si el youtuber no hubiera sido famoso o si, incluso, no hubiera tenido redes sociales, ¿habría hecho lo que hizo? El juez que lo sentenció por haber violado la integridad moral de la víctima respondió que no a esta última pregunta, porque el youtuber sabe, dijo el juez, que en la “vida real” está mal hacer eso. Pero entonces, ¿la audiencia de este youtuber lo obligó, explícita o implícitamente, a grabar ese video porque exige ver contenido morboso? Si el youtuber hubiera grabado el video para sí mismo, es decir, si no lo hubiera hecho público, ¿seguiría siendo igual de cruel? El haber grabado la “broma” ¿aumenta el nivel de crueldad?

Como me encanta engolosinarme, pienso quedarme por un tiempo con algunas de estas preguntas y saborearlas un rato, porque, como dice Oscar Brenifier (otro autor experto en filosofía para niños), “a uno puede gustarle una pregunta por sí misma, únicamente porque es una bella pregunta, porque presenta un bello problema, portador de sentido y de valor” (Brenifier, 2011).

¿Eres docente y has usado Wonder Ponder en el aula? ¡Me encantaría saber tu experiencia! Déjala en los comentarios.

Para preguntar en la librería:

Mundo cruel

Ellen Duthie (texto) & Daniela Martagón (ilustraciones)

Ciudad de México, Sexto Piso niños, 2017.